así fue la 63 edición del Festival de San Sebastián

Festival con los cinco sentidos

De nuevo, otra nueva edición del Festival Internacional de Cine de Donostia - San Sebatsián echa el cierre y se despide hasta el año que viene, dejando atrás 9 días intensos de (buen) cine que nos ha hecho disfrutar con los 5 sentidos de grandes y pequeñas historias.

El certámen arrancó (fuer ade concurso) con la última (y esperadísima) película de Alejandro Amenábar, Regresión, protagonizada por Ethan Hawke y Emma Watson, que no terminó de satisfacer a público ni a crítica. También fuera de concurso, Alex de la Iglesia presentó su alocalda comedia Mi Gran Noche, con Rapahel encabezando un elenco patrio de lo más divertido.

En Sección Oficial pudimos disfrutar de la última cinta del catalán Cesc Gay, Truman, protagonizada por el duo formado por los siempre grandes Javier Cámara y Ricardo Darín que se han hecho de forma ex-aequa con el galardón a mejor actor. También pudimos ver los últimos trabajos de Marc recha, Imano Uribe, Agustí Villaronga: Un día perfecto para volar,Lejos del mar y El rey de la habana respectivamente.

Tras el éxito de Loreak en la pasada edición, Pudimos ver en sección oficial otra película rodada integramente en euskera: Amama dirigida Asier Altuna, que no terminó de convencer.

pero, sin duda, las dos cintas que más sorpeendieron, fueron la franco-belga-española Evolution de Lucile Hadzihalilovic y la coproducción islandesa-danesa-croata Sparrows dirigida por Rúnar Rúnarsson. La primera, una cinta de corte muy estético, similar al primer cine de Jean Pierre Jeunet impresionó por su gran fotografía, por la cual se llevó el Premio del Jurado a la mejor fotografía y el Premio especial del Jurado. La segunda, que logró alzarse con la codiciada Concha de Oro, es un precioso relato con un equilibrio sobervio entre el calor de la adolescencia y la frialdad social del entorno que pone de relieve el magnífico potencial visual de Islandia.

El palmarés lo cerraron Yordanka Ariosa como mejor actriz, por su labor en El rey de la Habana, Les Chevaliers Blancs como mejor dirección y 21 Nuits Avec Pattie a mejor guion.

Zabaltegi, de nuevo, no defraudó y nos mostró perlas como la última cinta de Hirokazu Koreeda, Nuestra hermana pequeña. Una preciosa historia de las esas a las que nos tiene acostumbrados Koreeda, sobre la familia, el amor y la vida. También disfrutamos de Anomalisa, el último trabajo Charlie Kauffman, el relato apocalíptico de High-Rise de Ben Wheatley, la película anual de Woody Allen (Irrational Man), la comedia independiente americana Me and Earl and the Dying Girl o la durísima Son of Saul.

Sparrows

Concha de Oro a la Mejor Película

La segunda película del director de Volcano (2011), Runar Runarsson, es un drama adolescente bastante convencional, reforzado por una gran belleza visual con exteriores únicos y una dirección muy sólida. Cuenta la historia de Ari, un adolescente de Reykjavik obligado a mudarse al norte del país con su padre, la trama nos lleva a través de los habituales problemas adolescentes de adaptación, aunque los impresionantes parajesy algunos giros al final del guion, hacen que mejore lo que de otro modo no sería más que una historia familiar.

Sparrows ofrece una mirada naturalista en la vida en la isla del Atlántico Norte, utilizandola como marco para mostrar cómo un adolescente de 16 años de edad, hace frente a las dificultades de la vida aislada, frioa e incomunicada de una ciudad de clase trabajadora.

Cuando su madre se traslada a África, Ari (Atli Oskar Fjalarsson) es enviado a vivir con su padre (Ingvar E. Sigurosoon) en un remoto pueblo costero rodeado de espectaculares montañas verdes. Es todavía el verano, por lo que en lugar de quedarse en casa sin hacer nada, que es más o menos lo que hace su padre rodeado de litros de cerveza, Ari va a trabajar a la lonja cercana, donde entabla amistad con un chaval de sum isma edad Lara (Rakel Bjork Bjornsdottir).

Trasladarse a un lugar tan aislado no es nada fácil, como tampoco reconectar con un padre que no ha sido capaz de afrontar su divorcio y que pasa los días consumiéndose con los otros paletos locales. Como el verano llega a su fin. El único consuelo de Ari es su relación con su abuela (Kristbjorg Kjeld), que vive al lado, y el amor que siente por el canto coral (que nos muestran en dos memorables escenas musicales).

Al igual que en muchos de estos dramas adolescentes, la vida de Ari se ve afectada por la mudanza, así como por algun otro evento importante, transformándolo de un inocente niño de un coro, en un adulto con algo de experiencia en el mundo real. Es una trayectoria que ya la hemos visto muchas veces antes, que hacen que gran parte de la trama sea extremadamente predecible, mientras que algunos otros aspectos - sobre todo lo que sucede entre Ari y Lara - toman unos giros sorprendentes, lo que subraya el estilo duro y extremadamente machista de la gente del pueblo en el que viven.

Si bien la historia no ofrece nada realmente nuevo, Runarsson hace un uso increíble de la atmósfera, aislando Ari en un contexto de acantilados y aguas agitadas, sobre todo en una secuencia en la que va la caza de focas con su padre. Acompañado por una hipnótica partitura, Sparrows se convierte en una extraña rareza dentro de la típica película de "adolescente frente a su madurez" que prometía ser.


Evolution

Premio Especial del Jurado - Premio del Jurado a la mejor fotografía

Evolution, es otra inquietante muestra de cine experimental con niños franceses torturados, ofreciendo un espectáculo visual que sin duda, satisface a nivel estético, aunque no siempre lo hace a nivel narrativo.

El nuevo largometraje de la francesa Lucile Hadzihalilovic (la cual ya estuvo presente en la sección Nuevos Directores con la película Innocence), es un relato que cabalga entre lo fantástico y lo terrorífico. La isla de Lanzarote, en las Canarias es utilizada por Hadzihalilovic como el marco de una historia de mujeres y niños, aparentemente los únicos habitantes del lugar. A la ausencia total de hombres adultos se suma una particularísima similitud física entre las mujeres. Muy pronto, el más avispado de los chicos descubrirá que su madre –como el resto de las “madres” con sus respectivos hijos– le está ocultando unas cuantas verdades sobre su auténtica condición biológica.

Hay algo de Cronenberg en Evolution, aunque aquí no se trata tanto de una evolución hacia una Nueva Carne: en última instancia los cambios ya se han dado de manera total y el camino es hacia el posible descubrimiento de una instancia anterior, más humana. Reelaboración del mito de las sirenas en clave hiperrealista, hay varios pasajes que demuestran indudablemente el talento de la realizadora para crear imágenes extrañamente bellas, pero la película se siente algo lenta, repetitiva y esquemática a pesar de su reducido metraje, de apenas 80 minutos.


Truman

Concha de Plata ex-aequo a mejor Actor (javier Cámara y Ricardo Darín)

"Truman" es uno de esas tragicomedias sobre un personaje que asume su situación de enfermo terminal, por lo general gracias al cáncer, y lucha para hacer las paces con las personas a las que han hecho daño, mientras trata de atar cabos sueltos antes de estirar la pata. Estas películas son tan comunes, especialmente en el cine indie americano o en los dramas europeos de bajo presupuesto, que es difícil no topàrse con alguno de ellos n los festivcales de cine (Véase también este año "Me and Earl and the Dying Girl".

Dicho esto, "Truman" consigue diferenciarse de esos típicos drmas de "últimos días de cáncer". La historia se centra en dos amigos de toda la vida, el actor impusivo y semi-narcisista, Julián (Ricardo Darín), y el más pragmático y sensato científico, Tomas (Javier Cámara) que vuela desde Toronto, en donde vive con su famila tras dejar años atrás Madrid, con el fin de ayudar a Julian a atar los cabos sueltos en su vida antes de sucumbir al cáncer.

Estos cabos sueltos incluyen despedirse de su familia y seres queridos, la organización de su propia incineración, y lo más importante, encontrar a alguien para que se quede con su querido perro Truman.

Con Julian aparentemente en paz con su cáncer y su futura muerte, es Tomas quien debe afrontra la pérdida de su gran amigo es desde ese punto de vista desde el cual nos cuenta la historia Cesc Gay, desde el punto de vista del mejor amigo, en lugar del personaje que se está muriendo. La primera mitad de la película trata de Tomas luchando con sus propias emociones con respecto a esta pérdida importante en su vida, y eso es un punto de vista el punto de que no nos vemos mucho en estas películas.

Por desgracia, el foco finalmente se desplaza de nuevo a Julián iniciando al final de la película una serie de torpes escenas cada cual más predecible que la siguente, sólo para terminar con la introducción de una historia de amor totalmente innecesaria, así como un cierre torpe de la subtrama que tiene como protragonista al perro de Julian.

no obstante, gracias a su acercamniento honesto y adulto de un tema tans sombrío, así como la abundante química existente entre los dos protagonistas, hacen de "truman" un gran película, lejos de las comedias indies americanas que tratan este tema de forma un tanto caprichosa.


El rey de la Habana

Concha de Plata a mejor Actriz

El rey de La Habana, la nueva película del experimentado Agustí Villaronga, está basada en la novela homónima de Pedro Juan Huideras. Es la historia de un adolescente y su vida al límite en la Cuba de los años 90, durante el Período Especial tras la caída del comunismo soviético. No por nada el libro fue catalogado como realismo sucio y Villaronga incluye unas buenas dosis de franqueza sexual y violencia tras un arranque poco menos que espectacular.

La relación del joven Rey (dotado por la naturaleza con un miembro viril de tamaño fuera de lo común) con su pareja, una prostituta y vendedora callejera, que también recorre las calles en busca de clientes da pie a una descripción descarnada de la marginalidad en los barrios más castigados por la pobreza. El film posee un sentido del humor satírico típicamente cubano, que nunca termina de suavizar la exposición de las condiciones de vida de los personajes pero logra que se vea, al menos hasta los últimos tramos, con una sonrisa triste. El realizador reserva para los últimos veinte minutos una catarata de imágenes y sonidos que transforman al film en un paquete XXL de miseria y violencia empeñado en dejar en shock al espectador sin ninguna clase de anestesia: mutilaciones, muertes violentas, basura e incluso un terrible temporal reencarnan alegóricamente y hacen descender a El rey de La Habana a los infiernos del miserabilismo.