así fue la 64 edición del Festival de San Sebastián

Camino a los 65

A las puertas de cumplir 12 + 1 lustros (como diría un conocido campeon de motociclismo), el Festival de San Sebastián se presenta todavía como un joven festival, lleno de vitalidad y con apuestas arriesgadas.

El año que el Festival de San Sebastián ha visto recoger su tan amado Premio Donostia a la Teniente Ripley de Alien (1979) y a aquel chiquillo de Exploradores (1984), Sigourney Weaver e Ethan Hawke respectivamente, ha sido el mismo año en el que hemos podido ver en Sección Oficial los últimos trabajos de los españoles Nacho Vigalondo (Colossal), Alberto Rodriguez (El hombre de las mil caras), J.A. Bayona (Un Monstruo Viene a verme), Jonás Trueba (La Reconquista)y Rodrigo Sorogoyen (Que Dios nos perdone). O el debut de Ewan McGregor como director con la adaptación del best seller de Phillip Roth "American Pastoral", el retrato de Oliver Stone de Snowden y el remake de Los Siete Magníficos firmado por Antoine Fuqua.

Pero, sin duda una de las sorpresas más refrescantes de la Sección Ofical, fue la cinta Japonesa de animación Your Name. El anime de Makoto Shinkai ha permanecido en lo más alto de la taquilla Japonesa durante más de un mes y ha recaudado alrededor de diez millones de euros.

En sección Perlas, han sido muchos los títulos que nos han dejado huella. La maravillosa Arrival del "reincidente" Denis Villenueve, es probablemente de las mejores filmes que hemos podido ver este año en el marco del Zinemaldia pero merecen también mención Elle de Palu Verhoven, Frantz del simepre bienvenido al festival, François Ozon, Florence Foster Jenkins, I, Daniel Blake , Litle Man, After the storm de Hirokazu Koreeda o Neruda, el último trabajo de Pablo Larráin.

En el apartado de los premios, el palmarés oficial lo encabezó la china I Am not Madame Bovary que se coronó como la merecedora de la Concha de Oro y de la Concha de plata a mejor actriz. El premio del público se lo llevó I, Daniel Blake y Ma vie de courgette como mejor película Europea. El premio de la juventuz recayó en Bar bahar/ In Between.


I Am not Madame Bovary

Concha de Oro a la Mejor Película & Concha de plata a la mejor actriz (XIAOGANG FENG)

“I Am Not Madame Bovary”, dirigida por Feng Xiaogang y protagonizada por Fan Bingbing, no es una simple adaptación de la picara novela de Gustave Flaubert parodiando la escena burguesa de la Francia victoriana. Una voz, característicamente masculina, comienza narrando, como si de un cuento de hadas se tratase, la historia de una mujer infiel llamada Pan Jinlian, que, junto a su amante, conspira para asesinar a su marido en la China del siglo XVII. Desde entonces, a las mujeres “malas” se les da el apelativo de “Pan Jinlian”, estigmatizándolas. Aparentemente, el título de “Madame Bovary” fue elegido porque posee las mismas connotaciones para las audiencias occidentales que “Pan Jinlian” tiene para las audiencias asiáticas. Sin embargo, “I Am Not Madame Bovary” no trata de denigrar a la mujer o del concepto de la infidelidad. El verdadero relato de la película se centra en la naturaleza de la burocracia y del tremendo esfuerzo de una mujer para luchar contra el “status quo”. Pese a todo, la película no termina siendo pesada ni politizada, sino una crítica a la vagancia e incompetencia de los agentes gubernamentales y en su seno, es una comedia.

Durante la primera escena presenciamos la visita de la campesina Li Xuelian (Fan) a su primo—versado en asuntos legales—con la intención de preguntar sobre que recursos tiene a su disposición a la hora de pedir un divorcio. El relato que ella le desvela cada vez se torna más enrevesado, por lo que su primo la observa con visible confusión: Su marido y ella, para tratar de jugársela al estado, han falseado su divorcio junto con la documentación necesaria; de este modo uno de ellos puede que sea elegible para conseguir un apartamento que los dos desean. Siguiendo su extravagante plan, una vez conseguido el apartamento, volverían a vivir juntos en el apartamento cuando Li Xuelian se quedase embarazada. El problema es que su marido no siguió el plan concretado y ha acabado enamorándose de otra persona en el proceso (tratando este divorcio “ficticio” como uno real), el hombre y su nueva “esposa” se han mudado al muy codiciado apartamento, dejando a Li Xuelian desesperada por encontrar una solución. Su primo le recomienda llevar su caso al juzgado local, cosa que ella acaba haciendo: Y no comprenden nada. (No les culpo.) Pero Li no se rinde tan fácilmente. Su marido la ha dejado sin otra alternativa y no puede quedarse sin hacer nada. Esta mujer no es ninguna “Pan Jinlian”. Así comienza su odisea legal, denunciando a todo el que se niegue a ayudarla, hasta llegar a la capital del país entre pleito y pleito. Convertida en un quebradero de cabeza para los diferentes alcaldes, jueces y gobernadores provinciales que tienen la mala suerte de cruzarse en su camino: Li Xuelian persigue sus coches gritando “¡Paren!”, se sienta al otro lado de sus oficinas pancarta en mano en modo de protesta, está presente en cada una de sus conferencias… En definitiva: La temen.

El gobierno estatal que encontramos en “I Am Not Madame Bovary” no es igual de opresivo que el de Airstrip One en 1984, pero aun así no deja de ser una estructura de enormes proporciones. El film está abarrotado de funcionarios pedantes, burócratas mediocres aburridos y vendehúmos ambiciosos sin otra función que pasarle el trabajo a otro tipo. Todos hombres, claro está. Pese a su estatus y su poder social, todos y cada uno de ellos termina por darse por vencido ante la insistencia de la protagonista. Su comportamiento no es tan alocado y rondando lo absurdo de Jarndyce y Jarndyce, el juicio que se alargó durante generaciones en Bleak House, el clásico de Dickens; sin embargo, comparte ciertas cualidades en su presentación. ¿Por qué no ceden a sus demandas para que les deje en paz?

Con una duración de casi dos horas y media, “I Am Not Madame Bovary” sufre de lo que es en esencia una historia muy repetitiva. El personaje de Li Xuelian apenas es explorado en un contexto que no involucre su misión. Toda acción radica en su necesidad de solucionar su problema. Cierto es que mantiene un extraño romance con un amigo de la infancia que lleva años siendo su perrito faldero, pero aun con esto, la identidad y los objetivos de Li Xiuelian se traducen en uno y uno solo. Es algo profundamente arraigado en su personaje.

En el aspecto visual, Feng Xiaogang ha elegido hacer uso de un mecanismo de distanciamiento. Las secciones de la película que acontecen en escenarios y lugares rurales poseen una cualidad circular, recortando la periferia de la pantalla, lo que a su vez nos da la sensación de visualizar la película a través de un telescopio; o la mira de un rifle. Cuando la protagonista llega a Beijing, esta forma circular desaparece, y de repente el marco se encuadra perfectamente, representando el inmenso mundo en el que se adentra. La forma circular limita la cantidad de movimiento que se puede observar en la pantalla, y las escenas con unas cuantas personas tienden a sufrir por esto. También se pueden apreciar interacciones entre los personajes algo artificiales y poco naturales, por poner un ejemplo, los personajes han de mantenerse rígidos en un espacio reducido como si se tratasen de estatuas. Gracias a ello el efecto creado es muy similar al de los antiguos cuadros chinos, los mismos que hemos tenido la oportunidad de ver al comienzo de la película, mientras se nos narraba el cuento popular chino. Esta decisión artística debió de requerir de un extremo rigor de parte de todos los involucrados en estas escenas, ya que la acción había de transcurrir en un espacio tan reducido. Gran parte de la película es sobrecogedora: Existen escenas en miniaturas, visualizadas a través de una mirilla. La paleta de colores ha sido cuidadosamente escogida y llega a ser casi poética: Aguamarinas, grises y rosas desenfocados en el campo, y al otro extremo, en Beijing todos esos colores se funden en oro, vino y seda. Puesto que gran cantidad de la película transcurre en las idas y vueltas de Li Xuelian de ciudades a pueblos y viceversa (acompañada de la maravillosa banda sonora de Wei Du, cuya percusión en particular emociona), nos encontramos con una constante ida y venida de cambios de marco; de circular a encuadrado. El estilo de dirección de Feng excluye planos cercanos de manera casi exclusiva; la filmografía de esta película, con enmarcados tan estrictos consigue un efecto de alejamiento, como si los personajes en pantalla se encontrasen en las profundidades de un pozo.

No hay escenas aburridas o poco interesantes en “I Am Madame Bovary”. Es un placer para la vista el ver realizada la visión artística del equipo creativo. Pero la película se hubiese beneficiado de un marco circular un poco más grande.


El Invierno

Premio Especial del Jurado - ex-aequo & Premio del Jurado a la mejor fotografía

La eventualidad del progreso es el tema principal de “El Invierno”, un neo-western franco-argentino del director Emiliano Torres, que nos invita a visitar los bellísimos paisajes de la Patagonia, en una muestra de competencia visual sin precedentes. De hecho, es probable que futuros cinéfilos y entusiastas de la industria encuentren en esta película un compendio de tendencias y maneras de actuar del cine artístico de la década de 2010.

Es cierto que la visión del film está determinada desde el primer momento por las realidades económicas, algo de lo que el guión de Torres, escrito junto con Marcelo Chaparro, es consciente en todo momento. La acción de la película está dividida de igual forma entre dos hombres que comparten características similares; ambos lacónicos, inescrutables e indomables: Un treintañero llamado Jara (Cristian Salguero) y el más veterano Evans (Alejandro Sieveking). Ninguno de los otros personajes es memorable, especialmente las mujeres, circundantes en esta película.

Evans lleva años al frente de un granja de cría de ovejas en la provincia sureña de Santa Cruz; durante las primeras escenas de la película vemos cómo Jara llega tras viajar miles de kilómetros desde Corrientes, su ciudad de origen, a dicha granja para trabajar durante la temporada, en lo que es un trabajo de sol a sol. El norteño, rápidamente se convierte en una persona imprescindible y poco a poco acaba consiguiendo un rol de más responsabilidad en su trabajo; en cambio, Evans, termina dándose cuenta de que sus días están contados.

El Invierno hace uso de la pantalla ancha para capturar la inmensidad del cielo de la Patagonia rural durante varias estaciones-- incluyendo el periodo epónimo cuando Jara ha sido ascendido a capataz y las maquinaciones del pausado guión llegan a su atenuado clímax-- , consiguiendo un efecto magnífico. Este incluye una reyerta en la nieve que sutilmente recuerda a la batalla de Death Valley entre Gibson Gowland y Jean Hersholt al final del clásico del cine mudo Avaricia, dirigida por Eric Von Stroheim.

Las actuaciones de Sieveking (el enfermo Padre Ramírez en el film Pablo Larraín El Club) y el debutante Salguero consiguen que nos bañemos en sus personajes, hombres inescrutables que junto con sus duras miradas, podrían convertirse en parte del yermo helado que habitan.

Puede que el guión en el que se encuentran sea simple y la ejecución de este poco original, pero El Invierno demuestra que a veces lo único que importa son un par de caras tremendamente expresivas para que una película funcione.


The Giant

Premio Especial del Jurado - ex-aequo

¿Por qué limitar una película a mostrar personajes fuera de su elemento, a traernos un mundo de fantasía catártica o a la conocida narrativa de deportistas que triunfan pese a todo cuando podemos hacer uso de todo esto a la vez? Esta es la pregunta que el escritor y director Johannes Nyholm trata de responder en su primera película, The Giant -- y la responde de una forma memorable en cuanto a visuales e historia respecta.

Puede que lo mencionado anteriormente no se una en un mismo guión del todo bien, es difícil pasar del drama a la comedia, de lo introspectivo a lo expresivo, lo íntimo a lo popular… Sin embargo, el impacto cumulativo de estas partes llega a ser muy emocionante.

Después de llevar sus cortos Puppetboy, Dreams from the Woods y Las Palmas a Cannes de 2008 a 2011, Nyholm nos demuestra que su protagonista es algo más que la suma de sus partes; a veces desde una perspectiva sobria y otras en un colorido mundo de ensueño.

Rikard (Christian Andrén), pese a no poder comunicarse con la mayoría de la gente a su alrededor debido a su autismo y a su deformidad facial, demuestra su carácter bondadoso con sus acciones e imaginación. A punto de cumplir los 30, aún añora a la madre (Anna Bjekerud) que lo abandonó al nacer y encuentra algo de paz jugando a la petanca en su equipo local. Un accidente lo deja hospitalizado, obligando a sus compañeros de equipo a excluirlo de los Juegos Nórdicos.

Con la ayuda de su mejor amigo Roland (Johan Kylén), Rikard mejora y persevera, practicando a la petanca en su pequeño apartamento sanitario. Está convencido de que ganar el campeonato contra el formidable equipo danés, que ostentan el título de campeones actualmente, es la única forma de volver a ver a su madre.

La realidad de la situación, además del frágil estado de su cuerpo se expresa en tomas en primera persona desenfocadas y temblorosas. Esto también ocurre con sus deseos más íntimos y su visión de sí mismo un gigante bonachón.

Se puede observar el comentario social del director en estas escenas, que desde la perspectiva del Rikard, nos muestra el conflicto humano entre el deseo de destacar entre los demás, pero también ser considerado una persona normal. El simbolismo de Nyholm es fuerte y evidente -- el título, otorgado a un personaje diminuto en estatura, yuxtapuesto a su gran determinación y la estrechez de miras de la gente.

El cinematógrafo Johan Lundborg se mueve habilidosamente entre estilos visuales, ayudado por la edición de Lars von Trier y Susanne Bier, portando a la historia de Rikard de una textura única. Pero The Giant no solo es sorprendente en el aspecto visual, el trabajo del compositor Björn Olsson dota a la película de momentos que sin su melodía, perderían toda la fuerza; momentos que acompaña de sonidos reminiscentes a los westerns antiguos, en un viaje que dota de tristeza que se puede oír.


Yourself and Yours

Concha de plata a la mejor dirección (HONG SANG-SOO)

El amor se torna en un laberinto de espejos en la última entrega del género de romances disfuncionales del director coreano Hong Sang-soo. Yourself and Yours es menos atrevida que la superior Right Now, Wrong Then del año pasado, pero juega del mismo modo con la percepción de la audiencia con personajes muy similares e identidades cambiantes.

Hong cita Ese oscuro objeto de deseo de Luis Buñuel, película con diferentes actrices en el rol del mismo personaje, como una gran influencia en Yourself and Yours. Pero, parece que los sets urbanos de Woody Allen y la trilogía de Before Sunrise, dirigida por Richard Linklater, influencian mucho más a este film. Dicho esto, este tedioso y simple experimento en el área del realismo mágico no le hará ganar muchos fans a Hong fuera de su fiel público de la escena del arte y los festivales.

Preocupado por la enfermedad terminal de su madre, al pintor Youngsoo (Kim Hoo-hyuck) le llegan rumores de que Minjung (Lee You-young), su novia, ha sido vista borracha y peleandose en la zona de copas de Seúl. Youngsoo insiste que los rumores son del todo falsos ya que le ha prohibido a su futura mujer el beber en exceso, pero la sospecha se adueña de él y esa misma noche la interroga. Ella, cansada de su novio controlador, niega los cotilleos que este ha oído y rompe con el.

Sintiéndose abandonado y arrepentido, Youngsoo rápidamente se da cuenta lo mal que ha tratado a Minjung, imaginando visiones en las que se reconcilian mientras intenta ponerse en contacto con ella en su hogar y lugar de trabajo. Mientras tanto, la ciudad parece estar tomada por varias mujeres exactas a su ex-novia, todas ellas bebiendo y flirteando con diferentes hombres en locales de alterne, para después olvidarse de sus nombres antes de repetir el ciclo de nuevo.

Una de estas versiones de Minjung comienza una aventura con Jaeyoung (Kwon Hae-hyo), escritor de mediana edad, tan solo para dejar la relación con este en el banco de un parque poco después. “Ya no estoy interesada en tí,” le dice con convicción “no hay nada que puedas hacer.” Otra de las mujeres con la misma semblanza se interesa por el cineasta Sangwon (Yu Jun-sang), un personaje basado en el narcisista director. Pero ¿Son diferentes mujeres de verdad? ¿Alucina Youngsoo? ¿O puede que Minjung esté jugando con hombres a los que ella categoriza como “lobos” o “crios”?

La película no ofrece una respuesta a ninguna de estas preguntas. El que haya múltiples mujeres puede llegar a interpretarse en un comentario del director sobre la visión que tienen los hombres de estas, la sociedad inherentemente sexista coreana, la necesidad de mantener algo de misterio en las relaciones, o cualquier otra cosa. Está claro que ninguno de los personajes explicará el significado de la película. En vez de eso, hablarán y seguirán hablando. Al ser una película de Hong, casi todas las escenas tienen diálogos muy cargados y conversaciones que no van a ningún lado mientras los personajes comen y beben. Estas escenas son rodadas en una sola toma generalmente, acompañadas de zooms bastante torpes sobre el personaje que habla en las escenas con diálogos que más tienen en común con discursos.


El hombre de las mil caras

Concha de plata al mejor actor (EDUARD FERNÁNDEZ)

Citando a Baudelaire y Verbal Kint; “El mejor truco que el diablo inventó fue convencer al mundo de que no existía.” A Francisco Paesa, el antihéroe basado en un personaje real del fenomenal thriller político-financiero El Hombre de las Mil Caras, le gustaría haber convencido al mundo de lo mismo, y su deseo casi se cumple en una película en la que Paesa, su camarilla de corruptos y su trama terminan siendo desvelados.

Como si de una adaptación española de Ocean’s Eleven se tratase, la película de Alberto Rodríguez es un viaje espectacular sobre un puente que parece que en cualquier momento terminará derruyendo, pero que jamás lo hace. Como los personajes que representa, la película es inteligente, llamativa, ambiciosa y con un marcado estilo en todo lo que se propone hacer. La película está basada en el libro del periodista Manuel Cerdán, la primera persona en entrevistar a Paesa después de que fingiese su propia muerte en 1998. Este, que durante los años 80 se dedicó a hacer el trabajo sucio del gobierno español, jamás obtuvo recompensa por ello y ahora busca venganza. En su momento fue un escándalo y algunas de cabezas ministeriales rodaron por ello.

Forzado a huir del país y temiendo por su vida, Paesa volvió en 1994, convertido en un hombre en ruinas, junto a Gloria (Mireia Portas), su mujer, a la que este odia. Es entonces cuando Paesa encuentra la salvación de la mano de Luis Roldán (Carlos Santos), otra figura de la corrupción española y jefe de la policía nacional, ocupado en desviar millones de pesetas de dinero público. Roldán convence al financieramente muy habilidoso Paesa para blanquear su dinero. Al final Roldán acabará en un ruinoso apartamento de París, un peón en la partida de ajedrez entre Paesa y el gobierno, de mientras los medios del país lo ridiculizan y se preguntan sobre su paradero.

El director de la película admite que la verdad jamás se sabrá (algo que la narración de la intro nos desvela, cuando nos dicen que “como todas las historias de verdad, esta contiene unas cuantas mentiras”). Pero el guión, en vez de intentar centrarse en un apartado del caso, nos intenta mostrar todos los sucesos, descritos por Camoes, amigo de Paesa, como “un lío de préstamos, ventas y adquisiciones”, y es que se trata de una película que viaja alrededor del mundo. El resultado son muchas escenas en las que se pasa de un lugar a otro sin tener demasiado en cuenta la fluidez emocional entre estas, o la caracterización de los personajes.

Dicho esto, entre toda la trama narrativa se encuentran escenas excelentemente actuadas, que resaltan la suciedad del poder. Caracterizado como un hombrecillo de voz suave, Paesa es una víbora de avaricia sin límites y con una visión amoral de las consecuencias de sus acciones. Fernández da vida al personaje de una manera sensacional y ver como reacciona a los acontecimientos con desdén es muy intrigante.

Como personaje, el secundario Roldán es mucho más cercano. En una escena, desesperado no para de repetir como es una mala persona. Ciertamente es con este personaje que vivimos en la película la mayoría de las pocas escenas que podríamos llegar a llamar tiernas, entre él y su mujer Nieves (Marta Etura).

Es extraño como durante la película nunca vemos a los protagonistas corruptos despilfarrar el dinero de los españoles, y pese a toda la trama internacional y la policia detras de ellos, vemos como Paesa y Roldán se ponen el pijama como todo el mundo a la hora de meterse a la cama. Estos detalles terminan humanizando a los protagonistas de la película.


Que Dios nos perdone

Premio del Jurado al mejor guión

Dos policías con demonios del pasado intentan dar caza a un asesino en serie en Que Dios Nos Perdone, en lo que es una película mucho más interesante que lo que este pequeño resumen deja entrever. Esta es la segunda película del director, Rodrigo Sorogoyen, en lo que es una mezcla de procedimientos policiacos, comentario social, estudio de personajes, humor negro y catolicismo. La película se centra en la investigación en vez de los asesinatos y llega a evocar escenas de la primera temporada de True Detective.

Armada de un guión inteligente y cantidad de suspense, el clímax de la película termina no siendo muy impresionante, ya que termina convirtiéndose en el juego del gato y el ratón entre los policías y el asesino en serie.

La película se centra en el Madrid contemporáneo, durante una ola de calor veraniega, y captura la ciudad de una forma excelente; con las protestas del 15-M y la visita del Papa, en lo que era y es una ciudad ideológicamente dividida. Aquí conocemos a dos detectives, Alfaro (Roberto Álamo, de la aclamada La Piel que Habito de Pedro Almodóvar) y Velarde (Antonio de la Torre), que representan la misma división ideológica. Alfaro entiende la violencia de los asesinos, mientras que Valverde entiende sus motivos -- y puede que la entiendan demasiado bien.

Los detectives son llamados a varias escenas del crimen; en todas mujeres violadas y asesinadas. Rápidamente Valverde se da cuenta de que existe una tendencia en estos crímenes. La investigación procede de la manera en la que estas cosas suelen proceder; con visitas a la morgue, pruebas forenses y análisis psicológicos (ridiculizados por Alfaro). Pero el guión también investiga a los dos detectives, que muestran semblanzas con la persona que están buscando, además de la tensión que se vive en la relación profesional que comparten. Alfaro es un matón, con problemas de autocontrol, lo que afecta a su relación familiar, mientras que Velarde tartamudea un poco y tiene problemas de imagen, lo que lo lleva a atacar en una escena y herir accidentalmente a la mujer de la limpieza de la que está enamorado.

Durante el último cuarto de la película cambiamos la perspectiva y nos adentramos en el mundo del asesino: la camará, que hasta entonces había sido dinámica y portátil también cambia, centrándose (La cinematografía de Alex de Pablo no solo es estilizada, sino que también es eficiente durante este proceso). Pese a todo, la tensión no se reduce -- Gracias a la magnífica edición de Alberto del Campo y Fernando Franco -- es ahora cuando el film se convierte en un verdadero thriller, habiendo sido hasta ahora algo más que eso.